Desbordados los vasos comunicantes, toda presión carece de atmósfera. La gravedad del asunto nos impide flotar en este espacio. Las piscinas siguen abarrotadas de ancianos jóvenes. Sopla un viento del sur que quema la piel, se lleva los recuerdos y nos obliga a trabajar en otros hasta su próxima visita. Nada es perenne, se cayó la hoja.